18.9.08

La tragedia más grande

Los seres humanos somos víctimas de la temporalidad. Todas nuestras relaciones con el mundo se dan en un plano espacial y en un plano temporal.

Nuestra existencia se compone de un pasado, un presente (que enseguida pasa a ser pasado, casi instantáneamente) y un futuro. En el pasado viven nuestras experiencias, nuestro archivo, lo que en algún momento fue futuro, después fue presente y ahora ya pertenece al universo de lo pasado.

El presente es casi nada, un segundo, un toque. Y el futuro es todo aquello que, gracias a la base de ese pasado que tenemos y a ciertas organizaciones perceptivas guardadas en nuestra memoria, podemos imaginar, advertir, intuir o sospechar que puede llegar a pasar. Mientras escribo estas palabras, cada vez que tipeo una letra, cada segundo pasa y pasó. Ya forma parte del pasado. Somos máquinas de hacer pasado, en un punto.

Lo trágico de esto, del tiempo, es que lo que ya pasó, pasó. Y no hay manera de volver atrás. Esto es terrible, porque no existe liquid paper ni goma de borrar para cambiar lo que pasó. Tampoco existe una manera de revivir algo. Ese hecho que pasó es y va a ser siempre único e irrepetible. Lo que sucede con esto es que muchas veces no lo tenemos muy en cuenta, no somos concientes permanentemente de que esto es así, porque si no seríamos unos borders, además de que nuestra acción se vería irremediablemente condicionada.

El paso inevitable del tiempo, esta impotencia y condición de vivir que tenemos, a veces nos juega malas pasadas. ¿Cuántas veces uno desearía volver el tiempo atrás? Sin embargo, si pudiésemos hacer semejante cosa nuestra existencia no sería posible. Así es que el consejo que se me ocurre dar (por experiencia propia) es tratar de pensar dos veces antes de actuar o de decir. Y por otro lado, que hay que ser mínimamente conciente de que cada segundo que pasa no vuelve. La decisión más inteligente es no perderlos en cosas que no valen la pena.

9.9.08

¿A ver, chicos, si nos ponemos de acuerdo?

Lo siguiente intenta ser una guía de comportamientos que ustedes, los hombres, deberían implementar para mejorar sus relaciones con el sexo opuesto:

1)    A tu novia le interesa nada, pero nada que tenga que ver con tus ex. No le interesa qué hiciste con ellas o qué dejaron de hacer. No le interesa cómo se conocieron ni cómo se llevaban en la cama. Tampoco le interesa dónde se fueron de vacaciones ni cómo se llamaban en la intimidad. Lo único que le importa es que la hagas sentir ÚNICA. La mejor, (aunque no lo sea, claro está). De vez en cuando, mentile que le gusta.

2)    Mucho, mucho cuidado cuando vas a hacerle algún comentario con respecto a su aspecto físico. Ya sea desde cómo tiene el pelo, cómo está vestida, si está pintada como una puerta, si está más fofa o más gorda. TACTO, muchachos. ¡Somos sensibles a esas cosas! ¿Y saben por qué? (ya deberían saberlo, pero por si hay algún colgado le paso el dato) porque las minas nos producimos para las otras minas, no para ustedes solamente. Entonces, si estamos por salir y me tirás un “estás rara vestida hoy”, o “estas más gordita, ¿no? o “me gustaba más como tenías el pelo cuando te conocí” chau, me arruinaste la noche. ¿Ahora cómo hago para hacerle frente a la cantidad de mujeres con las que tengo que competir el resto de la velada?

3)    Nunca, nunca la compares con nadie. Si hacés esto estás en el horno. Cuado digo con nadie, me refiero a absolutamente nadie. Ni con tu mamá, ni con una amiga, ni con la novia de tu amigo, ni con una compañera de laburo, ni con tus ex y mucho menos con una modelo o famosa de la tele o una gráfica de una marca de ropa. Jamás imaginar que el conjuntito de ropa interior que luce Julieta Prandi en el cartel a tu novia le va a quedar igual y sugerirle que se lo pruebe. Tampoco te aconsejo sugerirle que se corte el flequillo como el  que se pudo haber hecho Marcela kloosterboer o Eva Anderson, porque esas desgraciadas se pueden poner lo que quieran en la cabeza y les queda genial, pero nosotras, bueno… hacemos lo que podemos.

Por ahora les dejo esas tres. Implementen y van a ver las mejorías. Próximamente una nueva entrega.

            

          De nada.

6.9.08

Get over it

Los ex, las ex. Qué tema. Está la postura liberal (un poco descomprometida como todo lo liberal) del “yo creo que no hay razón alguna para terminar con vínculos anteriores. No tenemos por qué dejar de dar cabida. Después de todo fue alguien importante en mi vida”. Está la postura más conservadora (un poco cobarde como todo lo conservador) del “cuando terminás una relación la terminaste. A otra cosa. No podés seguir que sí, que no; que igual nos mantenemos en contacto, llamame cuando quieras”. También tenemos a los absolutistas (absolutos como son) que sostienen que “una relación no puede terminar bien. Si no termina mal, no terminó. Cuando realmente querías terminar una relación, después no querés ver a esa persona ni en figurita”.

Creo que la postura que uno tome va ligada a la seguridad que uno tiene de sí mismo, con su actual pareja y con su ex. Con esto quiero decir que si a uno le molesta que su actual pareja siga en contacto con parejas anteriores, es porque no está a gusto en la relación, no se siente absolutamente seguro. Si no, esto no sucede. También hay otro factor importante y es que ¡hay cada ex que mamita querida! Está el ex que fue dejado, entonces movido por el odio te hace la vida imposible: te quema la cabeza por teléfono, va a tu casa, te manda 80 mensajes de texto por día y 400 mails. Está el ex que no entendió el mensaje: entonces te sigue celando y exigiendo cosas como si siguiera con vos (porque no las exige como ex, si no como una persona que fue muy importante en tu vida y ahora no lo podés olvidar así porque sí). Está el común acuerdo, en donde ambas partes están hinchadas las pelotas por igual entonces es como un trámite: “mirá yo siento que no va más… Sí, ya sé, yo siento lo mismo. Es lo mejor para los dos” y chau, fin del asunto. Para mí existe muy pocos casos como éste, debo decir. Y también está el ex que no lo supera, que persevera, que no puede olvidarte ni empezar una nueva vida, sino que sigue buscando cada oportunidad que tiene para estar con vos, para seducirte, para decirte “podemos probar de nuevo, éramos tan felices”, trata de llevarte a la cama cada vez que puede y no puede seguir adelante de ninguna manera que no sea volviendo con vos. (Este último es primo del ex que no entendió el mensaje).

Por mi parte debo decir que aquellas personas que marcaron tu vida para bien, con las que tuviste buenas relaciones no deben ser olvidadas y nunca hay que negarles ayuda si la necesitan. Y que somos seres humanos, no máquinas, entonces cualquiera de estas situaciones nos cuesta. Tanto del lado de ex como de pareja actual.

Sigamos adelante.

3.9.08

El gen drama: ¿qué nos pasa a nosotras, las mujeres?

Somos muy raras. Extremadamente complicadas, todas y cada una de nosotras. Que si un flaco es muy atento, es un goma. Pero si no nos registra es un agrandado, un histérico. Que si te llama es un pesado o un inseguro. Y si no lo hace, es un egoísta, ¡o inclusive hasta llegamos a pensar que es porque está con otra o porque dejó de querernos! ¿por qué tenemos que ser tan freaks! Todo lo convertimos en un drama. Y todas somos así. Dale, no digas que nunca pensaste o hiciste algunas de todas estas cosas porque no te creo ni a palos. Incluso hasta las que parecen más relajadas se comportan así. Es como inevitable, debe estar en nuestros genes.

Que si nos dice de vernos dos días seguidos es un tarado que se quiere casar y si no lo hace no nos quiere tanto como dice porque si no tendría que desear estar todo el tiempo con nosotras. Que si nos presenta a sus amigos va muy rápido y si no lo hace no somos importante para él. Si nos paga la salida es un machista, pero si no lo hace es un rata mantenido. Que si tiene mil actividades no nos da bola, pero si no tiene ninguna nos da miedo de que sea un tipo sin proyectos. Que si no tiene amigos, algún problemita debe tener, pero si es como Roberto Carlos tiene plan todas las noches. Que si nos avisa lo que hace es un dependiente, pero si no lo hace le armamos un escándalo porque no entiende que la pareja es de a dos. Que si nos aconseja sobre la ropa en realidad nos quiere decir que estamos feas así como estamos. Y que si nota algún cambio en nuestro look (sobre todo esto sucede con el pelo) nos genera desconfianza, pero si no lo hace no se fija en nosotras. En fin, podría seguir con una amplia lista.

¡Pobres hombres! ¡Pobres seres que tienen que soportar tanta enfermedad! Gracias de verdad por comprendernos, aguantarnos, seguir escuchándonos, seguir invitándonos a salir y a animarse a empezar nuevas relaciones. Un aplauso desde acá para todos ustedes.

25.8.08

Enemigas de la consola

Es increíble que este astuto y poderoso invento logre cosas que nosotras envidiamos y desearíamos lograr con la misma eficacia. Si alguna logró alguna vez que su novio le preste tanta atención, utilice todo su cerebro y poder de concentración, haga semejante esfuerzo por escucharlas y esté ahí, frente a ustedes haciendo todo eso por horas, entonces empieza a ser competencia para la consola sexy. La play los reúne con sus amigos, los pone a prueba con ellos mismos y frente a los demás, los hace formar parte de un grupo y de una actividad que comparten y disfrutan todos juntos. Es como un día de Shopping o de spa para nosotras. Les da el mismo placer y bienestar. Con juegos que invitan a ser alguien distinto aunque sea por unas horas. Messi, Riquelme, Christiano Ronaldo, meter goles que definan un campeonato o “barrer” a sus rivales, hacer algunos caños y putear un rato. Además (y de más está decirlo) la play nunca es sólo play. Las sesiones van acompañadas de alguna bebida alcohólica, comidas y estimulantes de todo tipo.

Así es que, mujeres, de una cosa pueden estar tranquilas. Su novio las engaña, pero por lo menos no con otra mujer con la que tengan que agarrarse de los pelos, ni con otro hombre contra quien no puedan competir.

Y como si fuera poco con lo que ya tenemos que aguantar ahora démosle la bienvenida a la poderosa Wii. Gracias Nintendo, aguante.

23.8.08

Malos entendidos

Pocas cosas hay en este planeta que me molesten más que los malos entendidos entre las personas. Son injustos. Es como si la vida nos tendiera una trampa. Como si por un momento nos quisiera convencer de que ser feliz está muy lejos y cuesta más que nunca.

Me llama mucho la atención cómo una persona puede entender todo para el otro lado; incluso inventar para el lado que le conviene. ¿Qué elementos o ingredientes de las realidades confluirán en un mismo tiempo y espacio para que cada persona interprete un mismo hecho concreto de maneras completamente diferentes? ¿Cómo hacerle entender al otro que está equivocado? Esa es la tarea más difícil y la parte más tediosa de los malos entendidos. Intentar poner al otro en mi lugar; que piense con mi mente, que vea con mis ojos, y entienda por qué actué como actué y qué quise decir con mi acción.

Los malos entendidos son una falla en la comunicación. Son pura interferencia. ¿pero por qué se producen? Ansiedad, no prestar atención, no escuchar al otro, son sólo algunas respuestas que me vienen a la mente. Es como si un ser invisible nos tapara los oídos. Tenemos que aprender a sortear las trampas de la vida. Tenemos que escucharnos más, pero por sobre todas las cosas tenemos que ser más claros.

21.8.08

Creatividad

Quizás algunos podrán preguntarse qué tiene que ver la creatividad con las relaciones. Yo estoy convencida de que están estrechamente ligadas. Nuestra mayor o menor capacidad productiva y creativa depende del estado de nuestras relaciones. Cuando estamos deprimidos solemos escribir mejores poemas, por ejemplo. Y si alguna pelea nos dejó mal parados y no podemos dejar de pensar en eso posiblemente nos cueste más pensar una campaña publicitaria copada y divertida. Debe haber excepciones, ojo. Hay profesionales en serio. Pero la verdad es que la mayoría de las veces nuestro desempeño creativo depende de cómo tengamos “la antena”, que a la vez depende mucho de nuestros estados de ánimo. Y esos  estados de ánimo dependen de cómo estén nuestras relaciones: amorosas, laborales, familiares. Sin embargo, la creatividad (al igual que muchos otros aspectos de nuestras vidas) se rige por una de las relaciones más importantes: la que tenemos con nosotros mismos. Cuando estamos bien con nosotros mismos nos sentimos felices, porque nada nos perturba. Y cuando uno está feliz, por lo general está más activo, con ganas de hacer más cosas. En ese momento hay que aprovechar y no desperdiciar nada, absolutamente nada que observemos, que pensemos. Porque estamos despiertos, con buena onda. Y la buena onda se transmite y se propaga. Si en este estado hacemos una campaña o pintamos un cuadro convencidos de que lo estamos haciendo de la mejor manera posible, entonces así será percibido por los demás.  La creatividad no es más que canalizar experiencias, imágenes, sentimientos, ideas y palabras existentes previamente en nuestra memoria y darles un giro o vuelta de rosca para que remixadas vuelvan a combinarse formando algo absolutamente nuevo y original a la vista de cualquiera, que también posee en su memoria todas estas experiencias, imágenes, sentimientos, ideas y palabras, pero de una manera diferente. Miró una vez dijo: “yo no invento nada. Todo está aquí”. Y es que la creatividad es un poco eso: mezclar las fichas. Utilizar ese archivo que todos tenemos para reconfigurarlo en otra cosa nueva, distinta, que luzca como original.

Quizás este último párrafo les haya parecido un poco tautológico y reiterativo, pero definir la creatividad no es algo fácil de hacer. El proceso creativo es un proceso extraño, difícil de describir. Cuando decimos que tenemos una idea simplemente estamos hablando de estas fichas previamente existentes, grabadas en nosotros que se mezclan revelándonos una solución. Una idea es una revelación. Llega así, de pronto. Uno puede haber estado forzando recientemente a la mente para que esa idea llegara o no. 

Por eso la clave de la creatividad, y esto está estudiado por mucha gente (y comprobado, que es lo más importante) es servirse de todo lo que podamos. Absorber como una esponja lo que el mundo tiene para ofrecernos: naturaleza, seres humanos, colores, texturas, sentimientos, emociones, artes, televisión, charlas con otras personas, lugares, situaciones y experiencias. Hay que guardarlo todo. En algún momento va a salir a la luz y va a “bajar” convertido en alguna genial idea.

20.8.08

Llorar a lágrima viva

Existe una cultura (o por lo menos a mí me pasa y a un amigo mío también) de no permitirse estar mal. Pareciera que con el ritmo acelerado que tenemos, nos guste o no, y con eso de que la vida es una sola y es muy corta, nos guste o no, no hay tiempo para llorar, angustiarse y mucho menos para deprimirse. Hace ya unos cuantos días me encuentro en un estado que experimento por primera vez: una profunda angustia y mala onda. Pero mala onda no de mal humor, sino de esas que te llevan a pensar que la vida está buena, sí, pero también podría estar mucho mejor. Lejos.  Y que hay personas copadas que valen la pena, pero que también está lleno de gente a la que no le importa nada. Y que si yo me pongo las pilas para hacer un mundo mejor aunque sea mínimo lo que pueda hacer, ayuda, pero al toque te sentís una idiota cuando el sistema te hace sentir insignificante.

Hay que permitirse sentir lo que sentimos y dejar que pase. En algún momento pasa. Y si sentimos que todo se va al carajo o que todo es un mierda, es así porque para nosotros es así. Y está bien. Consejo: de la gente que te dice “ay, no es para tanto. No te hagas tanto problema” no tomes ningún consejo.  El domingo a la noche llegué a mi casa, me senté en la cama y me puse a llorar. Casi dos horas lloré. Con intervalos, obvio, por eso sigo viva. Pero lloré bocha. ¿Viste cuando pensás y llorás? ¿Como que te acordás de eso que te hace mal y te saltan las lágrimas? Se te inunda la cara en dos segundos. Te llenás de mocos, es un asco. Pero es súper liberador. El llanto es lo más para liberar tensiones. Después quedás hecho una seda y hasta te da sueño.

Así que no digo agarrarte una depresión de esas que no salís de tu casa y estás tirado en la cama todo el día porque encuentro que esa es una manera muy cómoda y simplista de vivir, que además no está para nada buena. Pero sí paremos un poco a llorar, a sentir el llanto. Angustiémonos por las cosas que nos hacen mal. Algo nos va a dejar cuando ya haya pasado.